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En la segunda temporada de Percy Jackson y los dioses del Olimpo, Luke envenena el árbol que crea una barrera de protección en el campamento en el que viven nuestros héroes. Ésta los mantiene a salvo. Sin ella, están expuestos a toda clase de monstruos y, por tanto, a la muerte.
El efecto del veneno no es inmediato: la barrera se debilita lentamente. Y, mientras esto pasa, vemos a los enemigos agolpándose para entrar.
Sucede lo mismo en nuestra vida espiritual, con venenos que actúan sutilmente —muchos ni siquiera tienen apariencia de poder dañarnos—, hasta que nuestra barrera, a la que hemos dejado debilitarse, cede, y caemos en pecado mortal (morimos espiritualmente) o venial (igualmente una ofensa contra Dios, que es toda bondad; quitémonos la idea de “pecaditos”).
Entonces, buena parte de la lucha espiritual está en combatir desde antes del momento de la tentación y, como parte de tu estrategia espiritual, fortalecer tus defensas.
Reflexiona: ¿qué cosas están envenenando tu “barrera” espiritual? ¿Es la vanidad acaso? ¿La lujuria? ¿La desmesura en el comer y/o el beber? ¿La ira? ¿La pereza?
¿Qué son esas cosas en las que estás cayendo que, aunque en algunos casos no lleguen a ser pecado, sabes que están debilitando tu vida espiritual y que en algún momento —más cercano que distante— te van a llevar a pecar?
Ánimo, héroe o heroína de Cristo. Resiste. Dios está contigo: fortalécete en Él con la oración y los sacramentos. No permitas que tu barrera espiritual ceda.